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La crisis y el turismo en cifras

Desde hace décadas, el turismo se constituye como uno de los motores económicos más importantes de España. Los españoles forman parte de los europeos que más viajan tanto dentro como fuera de su país. El estupendo clima del que goza, además de lo económico que resulta recorrer el país en comparación con otros países europeos, hacen de España el destino turístico favorito tanto de los autóctonos como de los extranjeros. La crisis ha azotado fuertemente todos los sectores económicos, sin embargo, el turismo en España es una de las áreas que se ha visto menos afectada, cerrando el año 2011 con un crecimiento positivo. Lo que sí ha cambiado ha sido la forma de hacer turismo: los hoteles han dejado de ocuparse al máximo, aumentando el número de pernoctaciones en casas particulares alquiladas, rurales u hostales. Alquilar una casa se ha convertido en uno de las opciones de alojamiento más demandadas, puesto que permite disfrutar del destino turístico gastando mucho menos que en un hotel.

Alquilar casa para vacaciones, todo son ventajas

Alquilar casa como alojamiento para las vacaciones ha aumentado en los últimos años. La crisis y las comodidades que ofrece una casa frente a un hotel, ha provocado que muchos turistas prefieran alquilar un apartamento, un piso o una casa rural antes que alojarse en un hotel. Las grandes ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia ponen a disposición de los usuarios pisos y apartamentos que permiten alojarse en el centro de la ciudad con un coste bastante inferior al de un hotel. Los arrendadores ofrecen sus casas en las múltiples páginas de Internet y los clientes contratan a través de la red. Los precios en una gran ciudad oscilan entre los 500 y los 1000 euros por semana completa, dependiendo del número de habitaciones; por ejemplo, una casa de tres habitaciones en el centro de Barcelona cuesta 800 euros, teniendo en cuenta que puede alojar hasta ocho personas, el precio es muy interesante. También se pueden alquilar apartamentos en todas las costas de España y casas rurales para disfrutar de la naturaleza. Son opciones sencillas, económicas y muy cómodas.

El índice de pernoctaciones en casas de alquiler en España

Viajar ya no es sinónimo de alojarse en un hotel. El turismo es el principal motor económico de España, pero la crisis ha afectado mucho al sector y los hoteles han visto como pasaban de colgar el cartel de completo a tener que ofrecer noches y comidas gratis. No obstante, a pesar de que el número de pernoctaciones en hoteles en nuestro país ha descendido, esto no quiere decir que se haya dejado de viajar y salir de vacaciones, sino que los turistas han optado por otro tipo de alojamiento: las casas de alquiler.

Viajar y sentirse como en casa

Alquilar una casa como alojamiento para las vacaciones es una práctica que está en auge en España. Cada vez son más los particulares que ofrecen pisos en ciudades, apartamentos en la playa o casas en la montaña para alquilar a otras familias. En algunas ocasiones, además, ofrecen la posibilidad de permutar las viviendas durante las vacaciones, de modo que un turista gallego pasa las vacaciones en una casa en Cádiz mientras el propietario de ésta las pasa en Galicia. El alquiler de viviendas ha aumentado su índice de pernoctaciones durante las vacaciones por diversas causas. La principal es la economía, ya que una casa permite alojar a más personas por el mismo precio, sin embargo, una familia de cuatro miembros debe reservar dos habitaciones en un hotel. Las casas permiten turismo familiar con tíos, primos y abuelos por el mismo precio. Las casas se suelen alquilar por semanas o quincenas en verano; en invierno, también para fines de semana. El precio depende de la situación de la casa, de la temporada y del número de habitaciones. En general, el número de personas no condiciona el precio. Otra de las causas por las que muchos turistas prefieren alquilar una casa es porque se sienten como en su propia casa: disponen de cocina, lavadora y sofá, lo que facilita mucho el alojamiento, ya que se puede hacer la colada, ver una película en el sofá o cocinar en cualquier momento, sin estar sujeto a los horarios de comidas que imponen los hoteles.